Triduo Pascual

viernes, 18 de abril de 2014

Viernes Santo

Hay días que no vemos el sol,
hay días que nos hacemos muchas preguntas,
hay días que hasta nos preguntamos,
¿dónde está Dios?
Si es hijo de Dios, ¡que lo demuestre!
Si Dios existe, ¡que hable!
Si Dios existe, ¿por qué tiene que pasar lo que pasa?

Sí, hay días en los que el creyente
reza y reza en su corazón:
            Dios, no veo tu rostro, y sé que estás.
Dios, no veo salida, y sé que existe.
Dios, no comprendo tu plan, y sé que tienes un plan.
Dios, no entiendo tu modo de amar, y sé que me amas.
Dios, no entiendo nada, y en la noche, creo.

Hoy es Viernes Santo,
un día como tantos otros días,
con su misterio y con su promesa.
Pero, hoy, Dios,
se juntan todas las preguntas que nos hacemos,
y no sabemos responder;
se juntan  todos los comportamiento tuyos
que nos sublevan
o nos provocan hasta el extremo de gritar:
¿Por qué? ¿Por qué?
¿Por qué nos has abandonado?
Y después de gritar nuestro abandono
confesamos:
En tus manos me abandono.
En tus manos me entrego.

Hoy es Viernes Santo
y , Señor, nos invitas a entrar en el misterio
del dolor,
de la muerte,
del silencio,
de la espera,
de la total confianza,
del total abandono..

Hoy es Viernes Santo
y, Señor, mientras unos te increpan
se mofan de ti,
como ayer en el Calvario,
otros oran:
          Acuérdate de mí cuando estés en tu reino,
o confiesan:
          Verdaderamente este es Hijo de Dios.

Hoy es Viernes Santo
y, Señor, te pido
que abras mi corazón y mis ojos
para poder contemplar el misterio del amor
en esos dos palos en cruz
donde está el Salvador del mundo.

Hoy es Viernes Santo
y, Señor, te pido
que pueda entender en silencio admirativo
tanto misterio de vida y de muerte
que cada día me sorprende.

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