¿El que canta ora dos veces?

lunes, 19 de enero de 2015
En realidad, lo que san Agustín decía era:

"Pues aquel que canta alabanzas, no solo alaba, sino que también alaba con alegría; aquel que canta alabanzas, no solo canta, sino que también ama a quien le canta. En la alabanza hay una proclamación de reconocimiento, en la canción del amante hay amor..."   y lo encuentras en su comentario sobre el Salmo 73 (72).

Como sea, el valor de la música sagrada es grande, y la Iglesia conserva las alabanzas cantadas como un tesoro, una bella Tradición (Tradición con la "T" mayúscula).

Sea gregoriano, popular, romántico, 
no dejes de cantar a Dios, 
merecedor de todas nuestras alabanzas.




Haciendo "click" en la siguiente imagen encontrarás una "playlist" de cantos franciscanos.



Ecumenismo y comunión

Hablar de unidad, comunión y ecumenismo hoy es todo un reto. La armonía que Dios puso en la creación, no se basa en la uniformidad, sino en la pacífica convivencia en la diversidad, que nace del reconocimiento de la dignidad de cada ser humano (y de cada cosa creada) simplemente por recibir de Dios el don de existir. En esta ocasión, con motivo de la semana de oración por la unidad de los cristianos, quiero compartir con ustedes dos pequeños fragmentos de dos fuentes distintas: (click en ellos para ir al artículo completo)

  -el primero, tomado de un artículo publicado por "aleteia.org" titulado "No hay comunión sin ecumenismo";
  

1.) La reforma de la Iglesia que nos trae el Papa Francisco es también ecuménica. Una Iglesia menos autorreferente, una Iglesia en salida, es una Iglesia más ecuménica. No es difícil constatar que uno de los más preclaros termómetros del espíritu de comunión en la Iglesia es la sensibilidad ecuménica. Por un lado es evidente que quien no le da importancia a la comunión entre los católicos, menos valorará la comunión con los cristianos no católicos. Por otro, quienes tienen una concepción un tanto cicatera de la comunión, basada en la uniformidad y no en la unidad en la pluralidad, o basada en una actitud auto-defensiva de la identidad católica, tampoco entiende de ecumenismo, pero porque en realidad lo que no entiende es de comunión.


2.) El ecumenismo espiritual, que tiene su momento culminante en la Semana de oración por la unidad de los cristianos, vive y se desarrolla a través de innumerables canales, que verdaderamente sólo el Señor ve, pero que a menudo también nosotros tenemos la alegría de conocer: es una red mundial de momentos de oración que, desde el nivel parroquial y el internacional, difunden en el cuerpo de la Iglesia el oxígeno del genuino espíritu ecuménico; una red de gestos, que nos unen trabajando juntos en tantas obras de caridad; y es también una comunión de oraciones, de meditaciones y de otros textos que circulan en la web y pueden contribuir a aumentar el conocimiento, el respeto y la estima recíprocos.

Respecto al ecumenismo de la sangre, precisamente la Unitatis redintegratio invitaba a valorarlo, reconociendo en los hermanos y en las hermanas de otras Iglesias y Comunidades cristianas la capacidad —donada por Dios— de dar testimonio de Cristo hasta el sacrificio de la vida (cf. n. 4). Dicho testimonio no ha faltado jamás durante estos cincuenta años y sigue también en nuestros días. Nos corresponde a nosotros acogerlo con fe y dejar que su fuerza nos impulse a convertirnos en una fraternidad cada vez más plena. Quienes persiguen a Cristo en sus fieles no hacen diferencia entre las confesiones: los persiguen simplemente porque son cristianos.
Durante estos meses, encontrándome con tantos cristianos no católicos, o leyendo sus cartas, he podido ver que existe, a pesar de cuestiones abiertas que aún nos separan, un deseo generalizado y fuerte de caminar juntos, de rezar, de conocer y amar al Señor, de colaborar en el servicio y en la solidaridad con los débiles y los que sufren. Estoy convencido de esto: en un camino común, con la guía del Espíritu Santo y aprendiendo unos de otros, podemos crecer en la comunión que ya nos une.

Hermano, te invitamos a ofrecer una oración diaria 
por la unidad de los cristianos, 
ya sea en tu oración personal, en tu Rosario, 
en el momento de Adoración a Jesús Eucaristía, 
o, por qué no, celebrando la Eucaristía 
con esta intención.

PAZ Y BIEN.

¿Por qué nos simpatizan tanto los "Reyes Magos"?

domingo, 4 de enero de 2015

Las epifanías de los dioses griegos eran manifestaciones de su poder, signos milagrosos, ayudas poderosas, que el pueblo interpretaba como signos de su presencia y favor, y veían en ellas lo que podían ofrecerles. Para los paganos debía ocurrir algo extraordinario para reconocer ahí una manifestación de Dios.
La Epifanía del Dios verdadero, es muy distinta, se manifiesta en un bebé envuelto en pañales, acostado en un pesebre, en una familia reunida que se admira del milagro de un nuevo ser que ha venido al mundo. La humildad y pobreza del nacimiento de un bebé perseguido es el modo como el verdadero Dios ha querido manifestarse.

Los “reyes magos”, ven una estrella que les anuncia el nacimiento de un nuevo Rey, de una nueva Luz, de un nuevo orden de cosas. Buscan, se interesan, se ponen en movimiento, se dejan guiar por la luz de esta nueva y extraña estrella, y en su esfuerzo descubren que la verdadera estrella que les indicará dónde y quién es el que ha nacido es la Escritura, la Palabra de Dios revelada a los judíos. Y lo maravilloso es que se dejan guiar por esta luz. Son hombres que buscan en el mundo, en los acontecimientos, la verdad. No se contentan más con sus reyes, con sus dioses, con sus reinos humanos; hacen caso a sus deseos humanos más íntimos, el deseo de algo nuevo que dé sentido a su existencia plenamente, que los sacie de una vez por todas, deseo de encontrar el verdadero motivo de sus vidas. Y Dios les sale a su encuentro, y les dona sus promesas mostrándoles en la Escritura que este anuncio es también para ellos. Herodes y los estudiosos de la Palabra tienen materialmente en su poder los libros, pero no se han dejado iluminar por su contenido, y sin saberlo dan a los paganos “reyes magos” el regalo de ser guiados hasta la salvación verdadera, Jesucristo y su familia humana.  Por todo esto, los “reyes magos” nos son tan simpáticos, identificamos nuestras búsquedas, nuestros deseos profundos con los que ellos sintieron, identificamos nuestras inconformidades ante los valores que el mundo quiere presentarnos como “últimos y definitivos bienes” y ante la caducidad de las cosas que pretenden entreguemos a ellas nuestro corazón. Sintiendo todo esto buscaron algo más, y lo encontraron en Jesús, el Dios verdadero y glorioso que buscó el modo para estar lo más cerquita de nosotros, y por ello renunció a todo, de rico se hizo pobre, de grande se hizo pequeño, y así nos enriqueció.

         En este día, hermanos, pidamos a Dios de poder encontrar, mirando y escrutando el mundo, los acontecimientos, la vida cotidiana, nuestra historia, aquellos signos de su presencia en nuestra vida, aquellos gritos que ha lanzado hacia nosotros para que volviésemos nuestra mirada hacia Él y descubriésemos su presencia misericordiosa, aquellas veces que ha querido hacernos mirar el deseo benévolo del Padre de encontrarnos y mostrarnos la locura y pasión de su amor por nosotros. Hoy, propiamente hoy, Dios quiere mostrarse ante tus ojos, manifestar su gloria ante ti para que encuentres paz, gozo y salvación. 


El Corazón del Adviento

domingo, 14 de diciembre de 2014



Estamos en el centro del Adviento, y se nos presenta en este III Domingo con insistencia la figura del Bautista, que nos ayuda a prepararnos para acoger la Luz de Dios en nuestra vida que es Jesús. Su Palabra es la luz que ilumina y alegra nuestra vida, sin ella no hay alegría, ni calor en el corazón.
Yo no soy, yo no soy, dice Juan Bautista, como diciéndonos preocúpense más bien por Aquel que viene (y ya está en medio de ellos), Él si es quien importa saber quién es, a qué viene, que trae, etc. Yo se los anuncio, vayan hacia Él, nos dice Juan. Esta dirección en la que nos pone Juan Bautista conlleva una exigencia de claridad acerca de a quién estamos buscando, como cuando Jesús pregunta a sus discípulos ¿Qué están buscando? ¿A quién buscan? ¿Qué quieren encontrar en mí? ¿Qué quieren encontrar en el anuncio de Juan?
En el corazón del Adviento, como decíamos ya, encontramos esta necesidad de ser completamente sinceros y transparentes con Aquel que nos conoce mejor que nosotros mismos.  Los sacerdotes y levitas tenían pretensiones y prejuicios acerca de Juan. Es cierto, querían entender qué significaba la obra que Juan estaba realizando. El problema es que en el fondo parece que buscaban aprobarlo o desaprobarlo, y no dejarse interpelar, interrogar por sus palabras. Parece que como enviados de otros, los judíos, no se dejaron enviar por Juan hacia Jesús, quedándose la voz de Juan ahogada en sus pensamientos, disuelta por el polvo del desierto donde predicaba y bautizaba, siendo solamente un sonido en medio de sus voces que no quisieron apartar de sus corazones. La verdad de nuestra vida y deseos profundos nos llevan a buscar algo más en este mundo, algo que supere toda realidad terrena. Pero, ¿se puede encontrar en el mundo algo que supere la realidad terrena y nos haga plenamente felices, plenamente hombres? ¿No es una contradicción? Este es el misterio de Dios en la historia de los hombres. Juan se presentó como uno que no pertenecía ni al ambiente religioso ni político de su tiempo. Anunció simplemente que hay que mirar hacia la novedad que Dios está trayendo al mundo y a la vida de los hombres, una transformación inesperada, una presencia totalmente nueva, distinta, que lo único que pide es confianza en Aquel que me supera, y sobretodo en que Aquel que va  a realizar esto, porque lo hace solamente movido por el amor. 

Juan dice que no es digno de desatar la correa de las sandalias de Aquel que viene. Este gesto puede significar dos cosas, que en el fondo van unidas. El primer significado hace alusión a un gesto que indicaba la renuncia de dar descendencia a la esposa del hermano muerto (práctica vigente en el tiempo de Jesús), renuncia de tomar el lugar del esposo porque no le corresponde. El segundo significado puede indicar el gesto de los esclavos, de los siervos, y con esto Juan estaría diciendo que el único esclavo y verdadero siervo de Dios es Jesús, y nos está anunciando ya cómo será la obra salvadora de Jesús, cómo la va a realizar, no por la fuerza, no destruyendo, sino purificando, perdonando, rescatando al pecador que de por sí merecería la muerte, dando a cambio su vida.


Este es el misterio de la vida de Cristo, de su muerte y resurrección, al cual el tiempo de Adviento quiere prepararnos para celebrarlo en la contemplación, admiración y agradecimiento a Dios Padre por el don de su Hijo. Una realidad verdaderamente humana, y por lo tanto comprensible y cercana a nosotros, y a la vez verdaderamente divina, pues este verdadero hombre es el verdadero Dios, el Hijo de Dios, verdadero y único rostro del Padre. Por lo tanto, desde la encarnación de Jesús, hay algo nuevo en la tierra, algo que nos puede guiar como verdadera Luz en nuestra vida; desde la encarnación del Hijo de Dios, ya hay algo maravilloso en la tierra que puede llenar y dar plenitud a nuestras vidas; desde su encarnación, Dios está presente en un modo nuevo en la tierra, realísimo, bellísimo, único, y más aún, su presencia en mí por el don del Espíritu Santo, me hace a mí mismo ser signo de Él, testigo de su Luz que va transformando mi vida. Ahora tengo una misión particular, toda mía y a modo mío, que encaja en su plan universal de salvación: ser Luz del mundo acogiendo constantemente su Luz que me visita día con día, que me alcanza cotidianamente, que sigue abajándose para salvarme a mí y hacer de mí instrumento de paz y salvación para el mundo. Bendito abajamiento de Jesús, bendita presencia real que me ilumina desde sus sacramentos y me transmite su gracia, bendita identificación con los pobres, sufridos y necesitados de este mundo que me indican un lugar seguro donde Él se encuentra. Bendito el Adviento que me hace mirar hacia la verdadera Luz. Bendita Navidad que abre mis ojos a la Verdad. 

CAMPAMENTO VOCACIONAL FRANCISCANO-NAVIDEÑO2014

martes, 9 de diciembre de 2014
Te invitamos al campamento vocacional franciscano
con motivo de la NAVIDAD.

CANTOS DE ADVIENTO

viernes, 28 de noviembre de 2014
PAZ Y BIEN.

Pues eso, les dejo unos cantitos que les pueden servir para el ADVIENTO, ya sea para la misa o su reflexión.
Saludos!!

Ven Emanuel.

Gozaos.

En la aurora de tu amanecer.

Mensaje de ADVIENTO del Ministro Provincial

jueves, 27 de noviembre de 2014
Mensaje con motivo
del Adviento
del Ministro Provincial



Hermanos el Señor les dé su paz.

Este año, más que compartir un mensaje, quiero que redescubramos y podamos compartir nuestra rica espiritualidad franciscana, a través de unas ideas guía, que nos ayuden a elaborar nuestro proyecto de vida comunitario. Ya que este será el tema del retiro provincial de Adviento “elaborar el proyecto de vida personal”.

Lo primero que les pido es que recordemos nuestra vocación, es decir, hemos respondido al llamado de y para vivir en fraternidad; de ahí que “nuestro proyecto de vida personal y comunitario” nos debe ayudar a aprender a ser hermanos; de fraternidad y, por ello, de hermanos, está llena nuestra identidad franciscanaEsta vocación de fraternidad deja a los hermanos a merced de los hermanos, pues constituimos entre todos la fraternidad que se realiza en la comunión de los hermanos y de todas las fraternidades. Este quedar a merced de los otros lleva a los hermanos al amor mutuo, a la comunión, al perdón, a la acogida y aceptación mutuas.



Nuestra vocación de fraternidad implica, sin embargo, todavía algo más. Se trata de comprenderse en la historia y en la Iglesia desde el ámbito de la fraternidad; de tal forma que “soy hermano” para seguir a Jesús en fraternidad; y cuando soy convocado a orar lo hago desde la fraternidad y en fraternidad; cuando evangelizo lo hago enviado por la fraternidad y en su nombre. De tal forma que el supuesto y el ámbito de realización de mi vocación fraterna es la misma fraternidad en la que soy hermano. No basta aprender a ser hermano; se trata al mismo tiempo de dar hondura y calidad a nuestra vocación de fraternidad. No basta, pues, vivir en fraternidad a cualquier precio; se trata de intentar vivir con calidad; no basta convivir, sino convivir con calidad.

  
1.- Ser hermano es una gracia, en primer lugar, porque la fraternidad no deja de ser obra del Señor. Esta lectura de gratuidad de nuestra existencia como hermanos sigue siendo tal, aunque en nuestra fraternidad conozcamos, sepamos y suframos a menudo los lastres y las tareas de una vida fraterna conflictiva, pues la gracia no nos evita aquello que suponga dolor y cruz. El conflicto, el dolor, la dificultad y la cruz, son gracia, porque nos hacen crecer, madurar, invitándonos a una nueva lectura de la realidad y del hermano. Esto significa que todo en nuestra vida, está apoyando o dificultando esta opción primera de la fraternidad. Ello significa también que en nuestro caso vocación y misión, identidad y tarea, se confunden sintéticamente porque nuestra identidad nos empuja a hacer hermanos y nuestra misión no es otra sino ser hermanos, comportarnos como tales.

2.- Ser hermano hoy, vivir este proyecto de fraternidad nos urge a nuevos nacimientos: a un sentido nuevo y clarificado de pertenencia a la fraternidad, nuevas formas de comprendernos en la historia;  de orar en fraternidad; de relacionarse entre los hermanos desde la reciprocidad y el compartir; de evangelización desde la fraternidad. Una vida marcada por las relaciones interpersonales fraternas, que por la vida en común; unas estructuras de vivienda, de economía, de trabajos adecuadas a un grupo donde lo importante esté en la relación, hacia dentro y hacia fuera, más que en el trabajo; un hábitat fraterno, sencillo y acogedor; una forma de evangelización, hecha desde la acogida y apertura a los hombres, desde el gesto y la transparencia de la propia vida de la fraternidad.

3.- Relaciones interpersonales fraternas más que vida en común. La vida religiosa de antaño ha hecho más énfasis en la vida en común que por auténticas relaciones interpersonales. La nueva identidad, acentúa la importancia de la mutua estima, de la relación sencilla, de la confrontación que ayuda a madurar, del diálogo que discierne, la entrega generosa al hermano, el volverse los unos hacia los otros. No se trata, pues, tanto de una vida en común (los presos pueden vivir en común, sin conocerse y sin quererse), sino de una vida fraterna en común. Esta vida fraterna en común presupone, el conocerse, el aceptarse, el quererse, el perdonarse, apertura hacia el otro, capacidad de escucha y diálogo, el confrontarse en los conflictos grandes o pequeños que diariamente surgen, evitando en todo momento el juicio descalificador, la murmuración, cosas para las que no siempre estamos formados.

4.- Unidad en el pluralismo más que uniformidad. Una vida fraterna obsesionada por la observancia regular se preocupa de potenciar la uniformidad en la comunidad: uniformidad en el vestir, en el lugar e incluso modos de la oración, en los horarios, ritmos, formación, etc. La uniformidad era un estilo y un objetivo. Hoy la vida religiosa se ocupa más de la unidad de los hermanos que de su uniformidad: un proyecto común clarificado en la Regla y las Constituciones debe potenciar personas autónomas, que viven su propio proceso personal en fidelidad a sí mismas y a la fraternidad.

Les propongo tener presentes y de manera clara estas ideas en nuestro proyecto personal/comunitario: primero, que estamos llamados a ser hermanos, que nuestra fraternidad debe ser una respuesta a las necesidades de los hombres de hoy; y segundo, sin perder de vista que la fraternidad que crea la unidad nos llevará a vivir en comunidad.

Bien hermanos, les y me deseo, confiando en el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos dé su Espíritu, para que en este tiempo de gracia que es el Adviento, nos preparemos con una mente limpia y un corazón puro, para acoger dignamente al Dios-con-nosotros.

Bosques de Morelos,
“María Inmaculada”
a 26 de noviembre del 2014

Fray Francisco Díaz Valdez





 

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