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domingo, 3 de agosto de 2014

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          Una palabra tan bella como el inicio de la salvación del hombre en su historia de camino con Dios. Hoy, Dios alimentaba a sus hijos con su palabra en la Eucaristía dominical, proponiendo la escucha del Evangelio de san Mateo, en el episodio de la multitud hambrienta y saciada por la compasión de Jesús, por sus entrañas de misericordia. 

         Hoy, solamente quiero repetir algo que se me quedó grabado en la mente y el corazón, de las celebraciones que Dios me concedió realizar con su pueblo:  Compartir, gesto humano-divino que realiza la salvación porque hace presente a Dios. Dios es amor, como nos enseña san Juan en su carta, y gracias a que Dios se da, se comparte a nosotros, es que somos salvados por su misericordia. La Iglesia, mientras comparta la salvación de Dios en sus gestos humanos solidarios con los que más sufren y en general con todas las creaturas, seguirá haciendo presente el misterio de la salvación, que consiste en amar, movidos por la compasión al sabernos y descubrirnos todos miembros de la familia de Dios, hijos de un mismo Padre.  Eso es todo. 

Paz y Bien.

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