SANTA MARÍA DE LOS ÁNGELES - La Porziuncola

lunes, 27 de julio de 2015
Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo entre las mujeres ninguna semejante a ti, hija y esclava del altísimo Rey sumo y Padre celestial, madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: ruega por nosotros, junto con el arcángel san Miguel y todas las virtudes del cielo y con todos los santos, ante tu santísimo Hijo amado, Señor y maestro.

Como cada año, al acercarse el 2 de agosto, la Basílica de Santa María de los Ángeles en la Porciúncula (Asís) se dispone aacoger a los miles de peregrinos que, procedentes de toda Italia y de otros muchos países, llegarán hasta ella para  obtener la Indulgencia de la Porciúncula o el “Perdón de Asís”. La gran Basílica de los siglos XVI y XVII encierra la humilde iglesita dela Porciúncula, segunda morada, después del tugurio de Rivotorto,  de la vida evangélica y fraterna de Francisco y de la primera generación franciscana, y lugar santo en el que Francisco, la tarde del 3 de octubre de 1226, “cumplidos en él todos los misterios de Cristo, acogió a la hermana muerte cantando”. 

 Según una antigua tradición, que se remonta al 1216, en la Porciúncula, bajo el amparo de la  Madre  de  Dios,  el  mismo  Cristo,  apareciéndose  a  Francisco,  le  concedió  la  extraordinaria indulgencia  del  Perdón  de  Asís.  El  origen  de  esta  Indulgencia  es  uno  de  los  sucesos  más discutidos en la vida de San Francisco. Las leyendas franciscanas del siglo XIII no hablan de ella; tampoco se publicó ningún diploma de la Cancillería romana referente a su concesión. Pero más allá de las controversias históricas acerca de los  orígenes y circunstancias de la concesión de la Indulgencia, lo cierto es que la Iglesia ha seguido, hasta nuestros días,otorgando y ampliando esa gracia extraordinaria, puerta siempre abierta para otorgar el perdón y la misericordia de Dios. 
Un día del verano de 1216, el Pobrecillo partió para Perusa, acompañado del hermano Maseo.  La  noche  anterior  Cristo  y  su  Madre,  rodeados  de  espíritus  celestiales,  se  le  habían aparecido en la capilla de Santa María de los Ángeles: 

 - Francisco -le dijo el Señor-, pídeme lo que quieras para gloria de Dios y salvación de 
los hombres. - Señor -respondió el Santo-, os ruego por intercesión de la Virgen aquí presente, abogada del género humano, concedáis una indulgencia a cuantos visitaren esta iglesia. La  Virgen  se  inclinó  ante  su  Hijo  en  señal  de  que  apoyaba  el  ruego,  el  cual  fue  oído. Jesucristo ordenó luego a Francisco se dirigiese a Perusa, para obtener allí del Papa el favor deseado. Ya en presencia de Honorio III, Francisco  le habló así: -Hace poco que reparé para vuestra Santidad una iglesia dedicada a la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios. Ahora vengo  a  solicitar  en  beneficio  de  quienes  la  visitaren  en  el  aniversario  de  su  dedicación,  una indulgencia  que  puedan  ganar  sin  necesidad  de  pagar ofrenda  alguna.  - Quien  pide  una indulgencia -observó el Papa-, conviene que algo ofrezca para merecerla... ¿Y de cuántos años 
ha de ser esa que pides? ¿De un año?... ¿De tres?... - ¿Qué son tres años, santísimo Padre?  -¿Quieres  seis  años?...  ¿Hasta  siete?  -  No  quiero  años,  sino  almas.  -  ¿Almas?...  ¿Qué  quieres decir con eso? - Quiero decir que cuantos visiten aquella iglesia, confesados y absueltos, queden libres  de  toda  culpa  y  pena  incurridas  por  sus  pecados.  -  Es  excesivo  lo  que  pides,  y  muy contrario a las usanzas de la Curia romana. -Por eso, santísimo Padre, no lo pido por impulso propio,  sino  de  parte  de  nuestro  Señor  Jesucristo.  -  ¡Pues  bien,  concedido!  En  el  nombre  del Señor, hágase conforme a tu deseo. 


Condiciones para obtener la indulgencia
El Perdón de Asís se puede obtener para uno mismo o por los difuntos. Las condiciones son las prescritas para las indulgencias plenarias.
1) Visita al Santuario ó a una Iglesia franciscana con la recitación de un Padrenuestro y un Credo
2) Confesión sacramental y Santa Comunión
3) Rezar según las intenciones del Sumo Pontífice. (Padre Nuestro, Ave María y Gloria)



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