Capítulo General...

lunes, 21 de enero de 2013


Los frailes reunidos en Capítulo vivieron una jornada de espiritualidad, para prepararse a las discusiones y decisiones de los días venideros. Han querido así poner en primer lugar la necesidad de disponerse para escuchar al Señor.
A las 10:30 am, los capitulares celebraron la Eucaristía dominical, presida por Mons. Domenico Correntino, obispo de Asís, Gualdo Tadino y Nocera Umbra. Ayer en la tarde, su Excelencia había dado a los religiosos el saludo de la Iglesia que sirvió de cuna a San Francisco.
Hoy, en la atmósfera austera y solemne de la Basílica Inferior, después del saludo inicial del Ministro General al obispo y a los peregrinos, se releyeron, en presencia del Pastor de Asís, las palabras de San Francisco que aparecen en el Espejo de Perfección: “El Señor nos ha llamado para ayudar a la fe del clero y de los prelados de la Santa Iglesia Romana. Estamos, por tanto, obligados a amarlos, honorarlos, venerarlos tanto cuanto nos sea posible”.

En la homilía, Mons. Sorrentino, comentando el Evangelio de las Bodas de Caná, ha aplicado varias veces las palabras de María a los capitulares, “Hagan lo que Él les diga”, y agregaba: “Cualquier cosa que sea, háganla”.

Después vinculó la experiencia de Francisco con los esponsales del Hijo de Dios y la humanidad, prosiguiendo añadió:
“El evento franciscano ha restituido el sabor evangélico a la Iglesia del Medioevo, una Iglesia necesitada no obstante su potencia histórica, más aún, necesitada a causa de su potencia. María se presenta a la Iglesia, primero al obispo de Asís, después al Sumo Pontífice, a través de los vestidos del joven hijo de esta tierra encantado por la belleza de Cristo esposo. La palabra que el Juglar de Dios dijo a la Iglesia, al fin de cuentas no es más que la palabra de Caná: «Hagan lo que Él les diga»”.
“Francisco, como María, señala a Jesús”, continuaba el prelado, agregando que: “El franciscanismo ha nacido para esto y debe reencontrar este rasgo originario incluso en su misión actual, en un tiempo donde la crisis de la fe, aunque con características muy diversas, es decisivamente más radical y destructiva que en los difíciles tiempos de Francisco”.
La exhortación final a los frailes capitulares, fue una apelación a volver a dar “a la familia franciscana todo el brillo de los orígenes, y a la Iglesia la consolación de ver de nuevo a Francisco caminando por nuestras calles, llamando a todos a la conversión y al amor”.




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